sábado 24 de octubre de 2009

Fortaleza prestada

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De cualquier otro modo,

uno de nosotros saldrá volando por la ventana.

lunes 21 de septiembre de 2009

I

viernes 18 de septiembre de 2009

Retazo

Ni qué decir de los retazos que después de un tiempo pierden su valor

y lo único que queda es amontonarlos en un lugar cerrado

donde no entre el viento,

ni las ráfagas de nostalgia que revuelven las cortinas

y vuelven a jugar con el tiempo.

miércoles 2 de septiembre de 2009

Ab Initio



Nos habíamos en personajes inventados
sobre una superficie pestilente,
carcomida por el peso de confesiones tardías.


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lunes 31 de agosto de 2009

Nudos

De todos modos me pareció ver algo diferente en su andar y la delicadeza con la que contaba los granos de arroz ya no era la misma. Lucy contaba los días que pasaban por su ventana para dividirlos de acuerdo a la cantidad de veces que le tomaba completar el nudo de cuencas que se enrollaba en el cuello. De vez en cuando, la noche la tomaba desprevenida. Entonces, se acercaba a los espejos tratando de capturar los rayos de luna y seguir en su labor de componer las más exquisitas melodías bajo el techo a dos aguas, el mismo que se mantenía a pesar de los años.
Lucy queria vivir en un lugar de tiempo que le alcanzara para vivir su miserable existencia y muchas vidas más. Tenía ganas de salirse volando por la ventanda hacia los infinitos prados verdes que desde siempre le habían hecho señas. Lucy nunca intentó incorporarse sobre sus dos piernas como había visto hacer a los hombres, y dejarse llevar entre la neblina. Ella solo anhelaba.

sábado 29 de agosto de 2009

Lucidez


Ya no se camina dando vueltas en círculo esperando que el tiempo pase más lento y más pesado a cada segundo del reloj.
Desde hoy la diferencia entre lo que se puede tocar y lo que no deja de ser imaginario es más cercana a la lucidez momentánea.
Aquella que se salta tres años en una hazaña extraordinaria para traer felicidad a cuenta gotas donde hay un exceso de perfume
y el mar se ve mejor de noche.

martes 21 de julio de 2009

Vórtice

Nos despertamos al alba con el primer canto del gallo, y en seguida intuí que había algo extraño en el ambiente. A lo lejos se escuchaba las arcadas de una mujer sin edad, y los perros ladraban como unidos a una misma causa. Sentí miedo. Más que en todos los terremotos que azotaron mi tierra implacablemente durante décadas. Parecía haber llegado al borde del abismo en el que una suave brisa era suficiente para hacerme desaparecer. Tuve la impresión de ir cayendo en una espiral de colores y recuerdos que pasaban ante mis ojos como últimos favores ajenos. Calculé que un par de minutos sería suficiente para ser capaz de incorporarme por primera vez en la mañana y empezar con las labores del día. Seguramente necesitarían ayuda para movilizar los centenares de cuerpos atravesados en cada puerta. De cualquier forma, si lo único que hago es estorbar, puedo quedarme con los niños más pequeños a contarles historias siempre que quieran escucharlas. La vida bajo un cielo azulino pasa lentamente cuando se ha vivido demasiado. A veces siento que debería aferrarme a los últimos segundos de mi existencia, pero estos son tan duraderos que de hacerlo me volvería loco sin vuelta atrás. Aun sigo pensando que en este mundo hay un lugar para todos y que en todos se puede encontrar un pedazo de humanidad cuando ya todo esta perdido. Quiero quedarme en este mundo a ver las hojas caer en otoño, a ver el crepitar del río...


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